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2.- El Reinado de Ramiro I (842-850)
Contexto Histórico
Durante el reinado de Alfonso
II, Ramiro,
hijo de Bermudo
I, el Diácono, fue nombrado gobernador de Galicia
probablemente hacia el 830. De esta forma, Alfonso
II designaba a su sucesor ante la falta de descendencia
propia.
Ramiro
era viudo de Paterna, con la que tuvo a su hijo Ordoño,
y se encontraba en Bardulia para contraer nuevo matrimonio
con Urraca, hija de un noble castellano, cuando sucedió
la muerte de Alfonso
II. En este momento Ramiro
tenía ya cincuenta años. Estando aún
en Castilla conoció también el encumbramiento
del conde palatino Nepociano,
casado con una hermana de Alfonso
II, como rey. Ante este hecho, Ramiro
regresa apresuradamente a Galicia, donde tiene gran
cantidad de partidarios, reúne un ejército
en Lugo y marcha hacia Asturias.
Se produce un enfrentamiento entre
sendas facciones entre Cangas de Onís y Tineo,
junto a un puente del río Narcea (Batalla de
Cornellana, 842). Poco después, Nepociano
es abandonado por los suyos y tiene que huir hacia Oviedo.
Pero los condes Escipión y Sonna le alcanzan
cerca de Pravia y le llevan en presencia de Ramiro
I. El castigo para Nepociano
consistió en sacarle los ojos y su posterior
confinamiento en un monasterio. En el verano de este
mismo año Ramiro
es coronado rey en Oviedo a la manera gótica,
dando vía libre a la sucesión hereditaria,
abandonándose la elección. De él
partirá la línea dinástica que
perdurará durante varios siglos.
En esta lucha, Ramiro
fue apoyado por los magnates gallegos, mientras Nepociano
es sostenido por los mandatarios astures, cántabros,
castellanos (a pesar de que Ramiro
estaba casado con una castellana) y vascones. La coronación
de Ramiro
I como rey no acabó con las conjuras palaciegas
y el enfrentamiento de las diferentes tendencias que
ya empezaban a apuntarse en el reino asturiano.
La [CrAl]
denomina a Ramiro
I, el de la Vara de Justicia porque hizo desaparecer
a los bandidos de Asturias, sacó los ojos a los
ladrones que capturaba y enviaba a la hoguera a los
adivinos y magos. Además, durante su corto reinado
tuvo que hacer frente a varias rebeliones palaciegas:
- El sucesor de Nepociano
en el cargo de conde palatino, Aldroito, empezó
a fraguar una conspiración de acuerdo con el
mismo Nepociano.
Ramiro
I venció a él y sus partidarios, sacándoles
los ojos posteriormente.
- De nuevo, el sucesor como conde
palatino, Piniolo, quiso encabezar una sublevación
pero fracasó tras una breve guerra civil. Piniolo
y sus siete hijos fueron ajusticiados.
Y por si pocos fueran los problemas
internos, los enemigos externos también atacan.
En el 843, el hijo de 'Abd
al-Rahman II, al-Mutarrif vuelve con una expedición
contra el norte peninsular. Pero el resultado no debió
valer la pena y no volverá a haber acciones importantes
hasta el 846.
En el 844 llegan por primera vez los
vikingos a las costas españolas. Primero desembarcaron
cerca del actual San Sebastián y se adentraron
en el naciente reino navarro capturando a su rey Íñigo
I Arista. Después realizaron un intento de
desembarco fallido frente a Gijón y se dirigen
hacia la Torre de Hércules (Brigantium), cerca
de La Coruña. Mientras estaban saqueando La Coruña
y Betanzos, fueron sorprendidos por un ejército
asturiano y tuvieron que retirarse con la escuadra maltrecha
y gran cantidad de muertos.
Las cosas tampoco estaban fáciles
para el emir cordobés: a las rebeliones del gobernador
de Zaragoza, Musà
ben Musà (842, 846, 850) hay que sumarle
las incursiones normandas (Lisboa, Sevilla, Cádiz,...)
y la rebelión mozárabe en torno a Toledo
al frente de San Eulogio y Álvaro (850).
Ante los problemas internos cordobeses,
Ramiro
aprovecha para ampliar los límites de su reino
llegando a León, antiguo campamento romano, dotada
de fuertes murallas y que parecía una buena base
para organizar una nueva zona de repoblamiento. Pero
'Abd
al-Rahman II, preocupado por este avance asturiano
más allá de las montañas, envió
a su hijo Muhammad
al mando de un expedición que tomó León
(846). Los asturianos huyeron despavoridos, incapaces
de hacer frente a las máquinas de guerra cordobesas.
Muhammad
incendia León y abre grandes brechas en las murallas,
retirándose después. León quedó
desierta hasta varios años después. Poco
más hay de destacable en este reinado, en el
cual se produjo otro enfrentamiento más entre
asturianos y cordobeses siendo victoriosos los asturianos.
Ramiro
murió el 1-II-850 en el palacio del Naranco,
siendo enterrado en Oviedo, en el panteón de
los reyes que había erigido Alfonso
II, junto con su esposa Paterna, que aún
vivía en el 848.
Durante el breve y tumultuoso reinado
de Ramiro
I se construyen las más notables construcciones
del prerrománico asturiano: la iglesia de San
Miguel de Lillo y el palacio de Santa María del
Naranco. Además, cuatro siglos después,
el arzobispo Rodrigo haría al rey Ramiro
I protagonista de una famosa e irreal batalla, la
batalla de Clavijo.
Castilla bajo el reinado de Ramiro I (842-850)
Los años del reinado de Ramiro
I suponen un parón de la repoblación
por tierras de Castilla. Solamente nos ha llegado un
documento de esta época referente a la Castilla
primitiva. Está fechado el 1-I-844 y en él
se confirma la donación que un obispo llamado
Fredulfo hace al obispo Juan
de Valpuesta de sus posesiones en torno al pueblo
alavés de Alcedo.
Parece que Ramiro
I no tuvo gran autoridad en la parte oriental de
su reino. Muestra de ello es el siguiente suceso. En
el breve tiempo que Nepociano
estuvo en el trono, un señor de Cantabria llamado
Rebelio acudió a Oviedo y consiguió un
escrito que le permitía apoderarse del monasterio
de San Juan del Castillo, en Santa María del
Puerto, la actual Santoña. A pesar de que pocos
meses después Ramiro
I ya era rey, Rebelio mantuvo sus posesiones hasta
tiempos de Alfonso
III. Además, durante la breve guerra civil
que acabó con el destronamiento de Nepociano,
los vascones apoyaron la causa de éste último.
Los Jueces de Castilla
En este ambiente de desorden y continuas
rebeliones, Fray Justo Pérez de Urbel sitúa
la aparición de los famosos Jueces de Castilla.
Sus nombres son Nuño
Rasura o Rasuella y Laín
Calvo e impartirían justicia entre los castellanos
apoyándose en las fazañas y en
las costumbres, sin tener en cuenta el Fuero Juzgo,
de herencia visigoda, que se respetaba en el resto del
reino asturiano. Además, eran dos para que cuando
uno de ellos viajara a la corte astur otro se quedara
en el condado para mantener la justicia.
Se basa Fray Justo para
hacer esta afirmación en que según todas
las crónicas, Nuño
Rasura era abuelo del conde Fernán
González, y si así era, es en este
momento y no en tiempos de Fruela
II, como dicen muchas de esas crónicas, cuando
debería haber vivido Nuño
Rasura. La mayor parte de los historiadores actuales
suponen que esta es una leyenda surgida en el siglo
XII y no dan crédito histórico a esta
institución.
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